El 4 de agosto se inauguró La danza del viento en el Centro Cultural Borges. Esta serie fotográfica sobre lienzo materializa 10 fotografías en blanco y negro que capturan diferentes escenarios en los que el viento es el eje en común.

Claudia Marcu, fotógrafa, madre y admiradora de David Bowie, expresa su afición por la fotografía y el arte en todas sus expresiones desde muy pequeña. Se graduó como Diseñadora de Imagen y Sonido en la UBA (Universidad de Buenos Aires).

Actualmente es docente y también se dedica a la fotografía de estudio, comercial y de bandas de música. Hace ocho años trabaja junto a su padre, Michel Marcu, dictando talleres en su estudio en el epicentro porteño.

BYC: ¿Recordás ese momento en el que decidiste que querías ser fotógrafa?

CM: Tenia una cercanía con la fotografía porque mi papá sacaba fotos como aficionado y a los 10 años me regalaron mi primera cámara -una pocket. Sacaba fotos de familiares y cuando mi papá empezó teatro yo iba a sus ensayos a sacar fotos y a pasarle letra. Además capturaba sus muestras de fin de año.

En la secundaria fue al Instituto ORT, un colegio doble turno bastante exigente al que quiso ir siguiendo a su hermano mayor.

“(…) empecé a tocar la batería y me arme mi laboratorio de fotografía. Fue ahí donde me di cuenta que estaba perdiendo el tiempo, para mí ese fue el click: darme cuenta que ir al colegio era perder el tiempo, no me estaba dando nada que me sirviera en ese contexto. Aún así sabía que quería ir a la universidad. Quería tener más tiempo para dedicarme a la fotografía”, explica.

BYC: Tomás fotografías desde los 13 años, ¿Por qué no estudiaste la carrera de fotografía?

CM: Cuando terminé la secundaria venía fotografiando hacía varios años, de hecho ya trabajaba de eso. Trabajé en una revista de rock que se llamaba “El Acople”. Iba a muchos recitales fotografiaba a bandas; incluso a los 15 años les vendí fotos a los Fabulosos Cadillacs. La verdad que sentía que estudiar fotografía era retroceder. También tenía muy en claro que quería estudiar en la UBA.

“Estudiar en FADU me cambio la vida. Ir a la universidad te cambia la vida. Es otra manera de conocer el mundo, de conocer otras personas, otras historias y es un lugar con una maravillosa diversidad. Te da un saber muy amplio, en el sentido que aprendés: literatura, sociología, estética, un saber más profundo”.

En cuanto a la influencia de la carrera que eligió en sus trabajos, Marcu remarca: “hace que yo saque esas fotos y no otras, hay cierto discurso en mi obra que tiene que ver con eso”.

BYC: ¿Qué relaja o distiende a Claudia Marcu?

CM: Mirar películas me encanta. Me gusta mucho Greenaway (director de cine británico) y el cine francés también de Truffaut (director francés). Por supuesto disfruto Chaplin, considero que es la base del cine. Hay un anécdota que me contaron en la que yo tenía 5 años, mi papá había alquilado “El circo” de Chaplin y me pasé todo el fin de semana rebobinando y viendo una y otra vez la película. David Lynch es otro director que me encanta.

BYC: ¿Qué artistas te gustan e inspiran?

CM: Varios. Me gusta muchísimo una fotógrafa que se llama Franchesca Woodman, me llegan mucho sus fotos. No tiene una obra muy extensa porque falleció muy joven (se suicidó). Me suelen gustar artistas bastantes particulares. Diane Arbus y Robert Frank también me gustan mucho. Diane también se suicidó.

BYC: ¿Cómo nace La danza del viento?

Claudia cuenta que La danza el viento nació de forma espontánea al fotografiar la ventana con cortinas de su vecina.

“Cuando saco fotos son así: espontáneas” dice.

CM: Se me ocurrió automáticamente la foto de un río que sube por las escaleras. Cuando las tuve [a las dos fotografías], las observaba y trataba de pensar qué tenían en común. Me di cuenta que era el viento lo que influenciaba sobre ellas. En realidad las series se me dan un poco así: fotografió algo que me gusta y luego trato de vincularlo. No me planteo temas con anterioridad.

BYC: ¿Hay una serie fotográfica propia que te guste más?

CM: Siempre es la última que hago. Igualmente en el 2006 hice una instalación que amo profundamente en “Sonoridad Amarilla” un lugar que creo ya no existe. Fue para el Festival de la Luz y se llamó Sonría, lo estamos vigilando. Trabajé sobre la idea del Reality Show, en que la vida es un reality para algunos que se exponen y otros que hablan de la gente. Hice como 600 retratos de personas mirando fijo a la cámara. Eran fotos cuadradas, impresas sobre un material autoadhesivo. Pegué cada una en un azulejo del baño, entonces vos entrabas al baño y habían 600 personas mirándote fijo.

BYC: En cuanto a tu madurez artística, ¿Te hacés autocríticas sobre tus trabajos iniciales?

CM: No me pasa tanto eso. No porque no sea autocrítica, pienso que si las hice así están bien porque es lo que me condujo a esto, es parte de un proceso. No comenzás siendo un experto. Sí noto la madurez en cuanto a que estas últimas series son más poéticas y profundas con un eje temático en las que hay una búsqueda conceptual.

La muestra puede visitarse hasta el 23 de agosto en el Centro Cultural Borges.


 

Colaboraciones
  • Entrevista y redacción: Claudia Villalba
  • Imágenes: cortesía de la Agencia Graciela Frega

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